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sábado, 8 de enero de 2011

AMARANTO - AMARANTHUS CAUDATUS

Popularmente conocida como “alfalfa de los pobre”, “ataco” en Ecuador y Guatemala, “kiwicha y achita” en Perú. Es una planta anual que alcanza los 2 metros de altura cuyos tallos presentan un terminal pubescente. Sus hojas son lanceoladas u ovales de color verde con pequeñas manchas rojizas. Posee unas hermosas flores anaranjadas, rosadas o púrpuras que se agrupas en inflorescencias terminales alargadas que pueden alcanzar una longitud de 50 a 100 cm ¡BELLÍSIMAS!

Es originara de las áreas tropicales de América, Asia y África donde es cultivada o crece de forma silvestre. Conforman esté género, 60 especies.

Su nombre deriva del griego “amaranton”, que significa “la que no se marchita”, ya que con la muerte de la planta sus flores permanecen indemnes.

En Grecia el amaranto fue dedicado a la diosa Artemisa de Éfeso, diosa de la fertilidad, atribuyéndole propiedades curativas especiales.

Sus hallazgos más remotos datan de 4000 años a.C en Tehuacan, Puebla, y en el estado de Veracruz, en la cueva de Coxtatlán, en las comunidades indígenas denominadas Ocampos.

Los Mayas quizás fueron los primeros en usar el amaranto, "xtes", como cultivo de alto rendimiento, apreciando especialmente su valor alimenticio.

Los Aztecas reconocieron sus propiedades alimentarias, junto a la quinoa, siendo una de las principales fuentes nutricias de aquellos tiempos.

Los Aztecas producían alrededor de 15 a 20 toneladas al año. Más de cinco mil hectáreas estaban dedicadas a la siembra de amaranto, y anualmente 20 provincias daban en tributo el grano de amaranto a su rey Moctezuma, en Tenochtitlán.

Los Aztecas lo utilizaron para la realización de transacciones, lo consideraron sagrado por su resistencia a las sequías, por el vigor que les proporcionaba y lo asociaron con el sol por su color rojizo. Tres razones suficientes para vincularlo a sus ritos religiosos.

En festividades religiosas, las mujeres Aztecas molían la semilla, la mezclaban con miel, melaza o sangre de víctimas humanas de algún sacrificio, y moldeaban la pasta resultante (zoale) en forma de estatuas de ídolos y dioses. Estas estatuas eran después consumidas durante las ceremonias religiosas.

El cultivo fue prohibido por los conquistadores españoles por creer que la planta constituía en sí misma una herejía.

Cuando Hernán Cortés invadió México, en 1519, e inició la conquista del imperio Azteca, tales ceremonias eran consideradas como una perversión de la Eucaristía Católica y fueron vetadas. A fin de destruir la religión y eliminar sus rituales paganos Cortés prohibió todo cultivo de amaranto, ordenó que los sembradíos fueran quemados o aplastados, y mandaba a cortar las manos de las personas que fueran sorprendidas en posesión o cultivo de este grano.

De esta manera impusieron como grano al trigo que era exclusivo de la corona española, constituyendo así una ventaja económica para el país conquistador.

Los Incas lo denominaron “kiwicha” (pequeño gigante) y lo respetaban principalmente por sus poderes curativos.

En muy poco tiempo el cultivo de amaranto, con alto valor agrícola y religioso, se hundió en el olvido. Debido a la Inquisición de Cortés, “las especies de grano de amaranto son casi desconocidas y desde entonces han permanecido en estado letárgico como cultivo alimenticio. Su producción decayó vertiginosamente entre 1577 y 1890, y existen pocos registros de producción del grano después de esa fecha. Sin embargo, fue durante este período cuando llegó a África y Asia, y muchas de sus formas ornamentales fueron introducidas en los jardines Europeos” señala el historiador Vargas López.

En las últimas décadas el cultivo del amaranto se ha difundido de manera exponencial en varios países del mundo. India es uno de los países que ha adoptado el amaranto más decididamente.

La gran cantidad y variedad de platillos preparados con semilla y con hojas de amaranto que encontramos en la comida hindú, nos demuestran el arraigo que éste tiene entre la población.

Hoy día, India es uno de los principales productores de amaranto en el mundo.

En muy poco tiempo el cultivo de amaranto, con alto valor agrícola y religioso, se hundió en el olvido.

Son utilizadas con fines alimentarios y medicinales las semillas y las hojas.

Las semillas han constituido a lo largo de cientos de años una fuente nutritiva muy importante para los pueblos de Sudamérica.

El estudio nutricional de la semilla seca evidenció un contenido proteico elevado, el cual es medido a través de un puntaje que toma como cifra máxima 100, de acuerdo a lo establecido por la FAO (Food and Agricultura Organization) y la OMS (Organización Mundial de la Salud).

Además de su aporte alimenticio, se ha reportado que las partes aéreas presentan actividad antimicótica frente a ciertos hongos fitopatógenos en cultivos de tabaco y actividad antibacteriana.

En el laboratorio demostró presentar propiedades antioxidantes e hipolipemiantes ya que redujo los niveles de LDL colesterol y colesterol total y aumentó los niveles séricos de HDL colesterol, en hámsters alimentados con semillas o aceite de amaranto. También se observó una disminución de la absorción del colesterol de la dieta a nivel intestinal.

En Ecuador se utiliza la infusión de las hojas y/o inflorescencias como antidiarreico y antihelmíntico. En forma de gargarismos se indica en amigdalitis y sangrado de encías.

En las Islas Canarias se utiliza la infusión de las partes aéreas como antiséptico bronquial y diurético.

En Malasia se utiliza una especie como diurético, antifebril y como antídoto de picaduras de serpientes.

En India se la utiliza en forma de compresas como antiinflamatorio.

Con las hojas se pueden realizar decocciones al 5% y consumir 3 tazas diarias de la misma con fines astringentes intestinales. También se puede utilizar la decocción de las hojas (150-200 mg/litro de agua) en cataplasmas o fomentos en uso externo.

Debemos recordar que tanto el amaranto, la quinoa y el mijo son poligonáceas de Alto Valor Biológico, por lo tanto poseen los aminoácidos no esenciales y esenciales o sea aquellos que no fabrica nuestro cuerpo y que debemos incorporar con la alimentación para la formación de todas nuestra proteínas.

El Amaranto es rico en lisina, cistina, metionina, hierro, fósforo, calcio, magnesio, vit A y B.

Ideal para nuestra alimentación y la de nuestros niños, ya que lo pueden incorporar en las papillas desde los 6 meses, especialmente aquellos niños que no comen carne.

Bibliografía: Tratado de fitofármacos y nutracéuticos – Dr. Jorge Alonso

Alimentación infantil – Dra. Elba Albertinazzi

Crónicas precolombinas del historiador Vargas López

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